1992: el Tour que hizo grande al ciclismo español

1992: el Tour que hizo grande al ciclismo español

Bahamontes en el ya lejanísimo 1959, Ocaña en 1973 y más recientemente Perico Delgado en 1988 eran todos los precedentes que había. España era, sigue siendo, un país de gran tradición ciclista, no en vano una de las grandes vueltas se disputa en nuestro suelo, pero en el Tour, en la carrera más grande del mundo, no se habían logrado más que éxitos puntuales. No había ningún gran campeón, ninguna leyenda no ya a la altura de los cinco triunfos amarillos de Hinault, Anquetil o Merckx, sino tan solo del nivel de los tres títulos de Greg LeMond, los dos de Fignon, o los dobletes también de Bartali o Coppi.

España se sentía huérfana de gloria. La victoria de Miguel Induráin en 1991 contra todo pronóstico, puesto que no era más que un gregario de Perico, había generado expectativas. Pero, aunque era relativamente joven (durante la carrera iba a cumplir los 28 años) y estaba en muy buena forma, como había demostrado ganando el Giro apenas un mes antes, era una incógnita saber si iba a conseguir convertirse en el primer español capaz de llegar dos veces vestido de amarillo a los Campos Elíseos.

Miguelón quiso despejar las dudas desde el principio. Ya se impuso en el prólogo, en San Sebastián, y no pasó demasiados apuros durante la primera semana, aunque cediera el liderato a rivales como Zülle, Virenque o Pascal Lino. Su primer gran golpe llegó en la etapa décima, una contrarreloj en Luxemburgo, que ganó con autoridad: tres minutos de margen sobre el segundo.

 

Aun así, donde de verdad ganó Induráin su segundo Tour fue en los Alpes. La 13ª etapa era una locura de más de 250 kilómetros con final en alto en Sestriere, en Italia. El protagonista del día fue Chiappucci, escapado durante más de 150 kilómetros; solo el navarro fue capaz de seguirle y entrar a la meta a apenas un par de minutos, destrozando a todos los demás rivales y asegurándose un amarillo que ya no soltaría.

Quedaba una sola etapa montañosa, en el Alpe d'Huez, en la que Chiappucci no consiguió dejarle atrás, y días más tarde otra contrarreloj con la que Induráin certificó su victoria definitiva. Así, el 26 de julio de 1992 sonaron en París por segunda vez consecutiva las notas del himno español en homenaje al campeón del Tour. Ningún otro compatriota lo había logrado anteriormente; su hazaña sirvió no solo para consolidarle entre los grandes, sino para demostrarle al mundo que desde España también se podía ser un maestro de la bicicleta. Más tarde llegarían sus otras tres victorias, para sumar cinco en total, y luego nombres como Contador, Pereiro o Sastre, pero eso es otra historia.

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